El histórico líder criminal aceptó cargos federales en Estados Unidos y quedó a la espera de una sentencia que podría marcar el cierre judicial de una era.

El caso avanzó sin rodeos. Ismael Zambada García, conocido como “El Mayo”, permanece bajo custodia federal en Estados Unidos tras declararse culpable de dos cargos relacionados con narcotráfico ante un tribunal del Distrito Este de Nueva York, una de las jurisdicciones más severas del sistema judicial estadounidense.

La audiencia de sentencia quedó programada para el 13 de abril de 2026. Ese día, el juez definirá el castigo mínimo aplicable. La posibilidad de prisión de por vida sigue sobre la mesa, aun cuando la Fiscalía descartó formalmente solicitar la pena de muerte.

El proceso generó cuestionamientos inmediatos. Zambada renunció a su derecho de apelar como parte del acuerdo judicial, una decisión que llamó la atención de observadores legales por no incluir beneficios visibles en la reducción de condena. El pacto no garantiza trato preferencial ni disminución automática de años.

Su defensa legal, encabezada por el abogado Frank Pérez, rechazó de forma categórica cualquier colaboración con autoridades estadounidenses. “No existe cooperación ni intercambio de información”, sostuvo el equipo jurídico, en un intento por contener versiones que circulan en tribunales y círculos políticos.

Recabamos opiniones de analistas especializados en crimen organizado y justicia transnacional. Uno de ellos señaló que el caso podría sentar un precedente sobre cómo Estados Unidos cierra expedientes de figuras históricas sin recurrir a juicios prolongados. Otro experto advirtió que el silencio procesal también es una estrategia.

En contraste, voces académicas consideran que el mensaje es simbólico. Un líder criminal de larga trayectoria enfrenta el tramo final de su proceso lejos de su país de origen y sin margen legal para revertir el fallo.

Hablamos con ciudadanos en zonas urbanas de México que siguieron el caso durante años. Algunos expresaron incredulidad. Otros hablaron de cansancio.

“Parecía intocable, pero el tiempo alcanzó a todos”, comentó un comerciante.

La sentencia, aún pendiente, cerrará uno de los capítulos judiciales más prolongados del narcotráfico internacional contemporáneo.